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11月9日

El muro

 
El muro
 
Hoy se conmemoran los 20 años del derribo del Muro de Berlín y posteriormente la caida del comunismo en Europa que separaba en dos partes la misma ciudad y por ende toda Europa. Fué una de las pocas victorias de la libertad frente la esclavitud que constantemente y desde los poderes establecidos y diversas fórmulas amenazan constantemente a la humanidad. Nuestro deber es estar atentos a la tentación de gobernantes de todas las ideologias de mantener controlado su corralito impidiendo la comunicación y la comparación entre las personas.
 
Ahora en el mundo están creciendo nuevos muros invisibles y cada vez mas asfixiantes que los gobernantes van colocando bloque a bloque con el fin de impedir la comunicación entre los seres humanos y asi cumplir su deseo del poder que está enfurecido contra las nuevas tecnologías, especialmente Internet que ha sido la verdadera revolución de esta época, creando un sistema de neo-esclavitud para que sus ciudadanos permanezcan bajo su bota. Están en  ello y pueden conseguirlo, por lo que no se debe bajar la guardia para que esto no ocurra.
 
Posemos apuntar como parte de esta estrategia el descubrimiento de la utilización por parte del Gobierno de SITEL para espiar las conversaciones telefónicas de los ciudadanos o los intentos de los gobernantes nacionalistas para imponer su lengua regional en detrimento de la lengua común, la imposición de toda clase de tasas económicas tendentes a impedir la difusión de la cultura en general, bajo la excusa de unos derechos de autor discutibles o la creación de toda clase de organismos para ejercer la nueva censura como el Consejo Audiovisual de Cataluña del que ya Rodriguez Zapatero ha tomado buena nota para extenderlo proxímamente a todo el pais.
 
 

评论 (13)

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Alcibiades (no identificado)
13:45 | 09 de noviembre, 2009

Inconscientemente, vivi parte de ese movimiento anticomunista que empezó a materializarse cuando en agosto de 1989 me encontraba junto con un amigo de vacaciones en Praga.
Y digo inconscientemente porque los medios informativos de aquel pais, nada decian.
Conocimos a dos muchachas checas con las que estuvimos saliendo. Una de ellas hablaba español, y al ver tantos coches con el ovalo de la DDR circular por alli, le pregunte la causa.
Me dijo que Hungria habia abierto su frontera con Austria. Y los alemanes orientales pasaban por Checoslovaquia, llegaban a Hungria, de alli a Austria, y volvian a Alemania, pero a la occidental. Tantos kilometros, para poder llegar a un punto, que en linea recta, y si no existiera el muro de Berlin, podian hacer el recorrido en menos de diez minutos.
Esta chica me comento que estaban hasta las narices del comunismo. Ingenuamente le contesté, que llegaria el dia en que fueran libres. Pero no sabia que pasara tan pronto, ya que al dia siguiente los checos comenzaron a asaltar embajadas de paises occidentales solicitando asilo.
Cuando regresamos a España, fuimos casa de la familia de mi amigo, que veraneaban en Comarruga (Tarragona).
Al vernos llegar, observé como esbozaban un gesto de alivio. Les pregunté el porque, y ya nos contaron lo que estaba pasando.
O sea, que nosotros habiamos estado en plena movida, y no nos enteramos de nada, hasta que no llegamos a España.
11 月 9 日
Fisgon dijo el día 9 de Noviembre de 2009 a las 14:45:25:Franco y su policía no andaban de cotillas salsaroseros escuchando las llamadas telefónicas de la ciudadanía, y eso que aquellas antiguas centralitas telefónicas estaban a su disposición, bastaba ponerse el auricular, no hacía falta SITEL.

Zapatero y Rubalcaba son nuestro muro de la vergüenza. Vivimos en un país policiaco, de asco, donde no existe el poder judicial. Si lo hubiera, SITEL no existiría ya y sus responsables estarían juzgados y condenados.
11 月 9 日
Teresa - 09-11-2009 - 18:35:40h


Extraigo del artículo LA PESTE AZP (Berlín, 20 años) del blog franciscovelasco.blogia.com el siguiente texto: "Albert Camus escribió una de las novelas más fuertes, recias, duras e impactantes de la historia. La peste. "La ciudad estaba llena de dormidos despiertos", decía el formidable autor francés. Y subrayaba: "sentía ganas de gritar para desatar el nudo violento que le estrujaba el corazón". La peste es el símbolo de la guerra y la materialización de mal. La peste tiene un introductor: el virus de la rabia maldita. Algunos lo llaman AZP".
11 月 9 日
Alcazar 9-11-09
El único pero que se puede poner a estas celebraciones es que todavía quedan dinosaurios políticos que echan de menos los tiempos de las torturas y los asesinatos. Esos tiempos que en todo el mundo causaron millones de víctimas y que a día de hoy todavía los causan en algunos países. El izquierdismo comunista y socialista todavía tiene que hacer un profundo examen de conciencia y hacer frente a sus resposabilidades históricas que ya va siendo hora.
11 月 9 日
El mito del muro
Publicado por filosofiapractica en 9 Noviembre 2009
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Imagina una ciudad sin casas, una mera montaña de escombros que sus habitantes se afanan en despejar para reconstruir en ella sus hogares y sus vidas. ¿Crees acaso que este empeño estaría alimentado sólo por su incapacidad de concebir otro proyecto que la supervivencia diaria? ¿O te parece más bien la muestra de un inquebrantable tesón, de una valiente decisión de borrar los errores del pasado y volver a empezar?

-A tu primera pregunta contestaría que sí, pero planteas la segunda de una manera que también me inclina a contestarla afirmativamente, así que dudo. Responde tú.

-Temo no poder sacarte nunca de esa duda. Pero imagina ahora que esa ruina, habitable sólo en las condiciones más miserables, es codiciada como botín de guerra por los ejércitos vencedores.

-Me cuesta, a no ser que les moviera el deseo venganza. ¿Acaso no sería legítimo, dada la magnitud del delito cometido?

-Pero por eso mismo imposible de satisfacer. De todos modos, si sólo la venganza y el expolio movieran a los ocupantes, ¿conseguiría reconstruirse la ciudad?

-Sólo con muchas dificultades y muy lentamente.

-¿Y si los ocupantes actuaran de manera más inteligente, no harían grandes préstamos a la ciudad ocupada para que ésta recuperara pronto su actividad y pudieran cobrarse doblados o triplicados esos préstamos? ¿No les resultaría más provechoso ese botín que una primitiva venganza?

-Hasta tal punto, que a veces sospecho que no se empiezan las guerras con ningún otro fin.

-Si una parte de la ciudad fuese administrada según el primer modelo y la otra según el segundo, ¿no serían bien diferentes las dos mitades al cabo de unos años?

-Por supuesto.

-¿No despertaría, a pesar de sus deudas, la mitad reconstruida la envidia de la mitad expoliada?

-Por supuesto, probablemente muchos emigrarían de ésta a aquella.

-Pero entonces la mitad empobrecida se quedaría vacía. Para evitarlo, las autoridades que administran la ciudad empobrecida deberían prohibir la salida a los habitantes de su parte.

-Muy triste es que se impida a alguien la entrada a un país, pero cuánto más triste que se le prohíba salir de él.

-Piensa ahora si los habitantes de la mitad empobrecida no intentarían, en su desesperación, todo tipo de artimañas para salir de su ciudad natal, sabedores de que la violación de la norma quedaría sin castigo una vez en la otra parte de la ciudad. La única manera de retenerlos contra su voluntad sería construir un alto muro que siguiera toda la frontera de la ciudad, y de todo el país.

-Tu descripción se asemeja a la de una monstruosa prisión.

-Claro, la única diferencia es que en ésta, se repetiría día tras día a los ciudadanos que el aislamiento persigue sólo su bien, sólo poder construir sin injerencia extraña un nuevo país basado en la igualdad y la cooperación.

-Son tan terribles los medios que, a mi parecer, deslegitiman tan noble fin, y me hacen sospechar que éste no debe ser sincero.

- También a mí. ¿Dejarían acaso los habitantes de este lugar de tener el pensamiento puesto en el otro lado del muro? ¿No parecerían residir allí, no sólo, para muchos, sus familias, sino sus oportunidades y sus sueños?

-Aunque pasaran treinta años, me parece, e incluso para los que nacieran ya en semejante encierro.

-¿Y la parte libre de la ciudad? ¿No contemplaría también nostálgica ese muro, como si le hubieran arrebatado una parte de sí misma?

-¡Qué triste es para cualquiera que las ventanas de su hogar den a una inhóspita pared!

-Quizá los que vivieron la guerra pudieran apreciar al menos la paz reinante en la actualidad. Pero es naturaleza humana que los jóvenes no pudieran conformarse con la clausura. Imagina que, a pesar de los impedimentos, uno de ellos logra saltar el muro e instalarse en el mundo exterior. ¿No constituiría la envidia de los otros?

-Sin duda.

-Piensa qué pasaría si, instigados por la pobreza del país, sus gobernantes tuvieran que aceptar la visita de los habitantes de la parte rica. ¿No sería mal negocio a largo plazo? ¿No despertarían esas visitas, cada vez más la envidia y la nostalgia de los locales?

-No pensarían en otra cosa que seguir el ejemplo de los que cruzan el muro.

-Claro. La situación se tensaría tanto que el muro acabaría convirtiéndose prácticamente en el único paisaje de la ciudad. Sus habitantes se levantarían todas las mañanas, a un lado, frustrados, al otro, indignados por el muro. Incluso la gente vendría de fuera de la ciudad y del país exclusivamente para ver el muro, y para cruzarlo delante de quienes no pueden cruzarlo. ¿Qué pasaría si, por fin, un día, consiguieran hacer caer el muro?

-Pues que serían libres, claro.

-Libres , ¿de qué?

-De cruzarlo y emigrar.

-¿Libres de abandonar sus hogares, sus trabajos, sus pueblos para comenzar desde cero una vida mejor?

-Naturalmente, con eso habrían soñado las últimas décadas, algunos toda su vida.

-Y, sin embargo, ¿no es el encontrarse sin hogar y sin trabajo causa de la mayor angustia?

-¡Pero eso es lo que querían!

-¿Acaso no es una cosa querer lo que no se puede elegir, y otra enfrentarse a la propia capacidad de tener lo que se quiere?

-¡Me estás confundiendo! Para mí era todo mucho más sencillo, querían tirar el muro para poder salir y lo consiguen, ¿no lo cruzarían felices, no se abrazarían los de uno y otro lado?

-¿Y cuántos se sumirían en la desesperación, porque lo que habían construido durante treinta años parecería no servir para nada? ¿O porque no tendrían fuerzas para empezar desde cero? ¿O porque todos los jóvenes emigrarían? ¿No empezarían a añorar lo que contribuyeron a destruir?

-¿Qué quieres decir, que volverían a construir el muro?

-No lo sé, pero creo que un muro como el que hemos imaginado sería un símbolo tan perfecto de los muros que construimos y destruimos en nuestro interior, que si no existe, habría que construirlo. Y por eso mismo, una vez construido, aún vuelto a derribar seguiría siendo objeto de veneración de los fieles de documental televisivo y los peregrinos de viaje organizado.
11 月 9 日
bourne| 09/Nov/2009 | 11:19:49h
Lo que un tonto como yo no entiende es que cuando caen las dictaduras de derechas el mamoneo progresista en bloque se rasga las vestiduras, prende velitas y monta macro juicios de memoria historica.En este caso la izquierda tiene TANTA CARA que ademas de sumarse a la fiesta NO DA NINGUNA EXPLICACION DEL GENOCIDIO QUE CONSUMÓ DURANTE SECADAS. Asi nos va.
11 月 9 日
Pobre por la crisis.| 09/Nov/2009 | 11:22:31h
El comunismo es como un lobo. El socialismo es como un lobo disfrazado de oveja. Las dos ideologías solamente llevan a la miseria total.
11 月 9 日
Ignacio Cosidó 9-11-09
La caída del Muro de Berlín ha sido con diferencia el acontecimiento histórico más importante, y también más feliz, que he vivido. Significó la libertad para millones de personas atrapadas hasta entonces en la brutal dictadura comunista y permitió reunificar una Europa dividida durante cincuenta años por las alambradas de la vergüenza. El derrumbe de ese muro es el símbolo de que el ansia de libertad que anida en todo ser humano es capaz de derribar cualquier dique totalitario.

Veinte años después de esa explosión de libertad mi temor es que la democracia vuelve a estar acorralada. En el mundo musulmán emerge un fundamentalismo violento que no sólo ahoga en sangre a muchas de sus sociedades, sino que ha declarado la guerra a Occidente por entender que es la libertad su peor enemigo. Un radicalismo islámico que ha hecho del terror su principal arma estratégica para culminar su delirio totalitario. En esta misma línea, el empeño de un régimen totalitario como el de Irán por dotarse de armas nucleares puede elevar un nuevo muro atómico en el que queden aprisionados bajo una dictadura teocrática muchos millones de personas y amenazada con el holocausto nuclear buena parte de la humanidad, empezando por Israel.

China, que va camino de convertirse en la próxima década en la primera potencia económica del mundo, sigue siendo una dictadura comunista en la que el respeto a los derechos humanos es permanente cuestionado. Su creciente influencia internacional y su emergente poder militar no ayudarán mucho a la causa de la democracia mientras siga gobernada por un partido único y restringiendo las libertades de sus ciudadanos.

En Rusia asistimos a una involución en su transición democrática, la voluntad de recuperar su área de influencia, el resurgimiento de un nacionalismo antioccidental, la utilización de sus recursos energéticos como un arma para lograr sus objetivos estratégicos, el rearme de sus Fuerzas Armadas para volver a ser una potencia militar global y la aplicación de una doctrina estratégica cada vez más agresiva como demostraron en Georgia. Ninguna de esas tendencias resulta tranquilizadora para la causa de la libertad.

En Iberoamérica se extiende una autodenominada revolución bolivariana que pretende reinventar un socialismo del siglo XXI, pero que mantiene los mismos principios autoritarios del socialismo que el siglo anterior sucumbió bajo los cascotes del muro. La expansión de esa corriente totalitaria amenaza a las emergentes democracias sudamericanas y puede retrotraer a buena parte del hemisferio a un empobrecimiento y a unos regimenes tiránicos ya superados.

África, por su parte, sigue ahogada en gran medida por la pobreza, los conflictos tribales y fronterizos, las tiranías de distinto signo, la corrupción de muchos de sus regimenes y la extrema debilidad de sus estados para hacer frente a las emergentes organizaciones terroristas, el crimen organizado o la piratería. En esas condiciones es prácticamente imposible que pueda germinar la semilla de la libertad.

Lo peor, sin embargo, para la pervivencia de la democracia en el mundo es nuestra propia debilidad, la relativización que se extiende en Occidente del valor de la libertad como valor supremo de nuestra civilización, la falta de convicción en la superioridad moral y política de la democracia sobre la tiranía, la falta de compromiso con todos aquellos que desafían a los dictadores en defensa de su propia libertad, nuestra falta de valor para defender la democracia ante aquellos que pretenden destruirla.

Pese a todo, mi fe en la libertad permanece inquebrantable. Si millones de ciudadanos pudieron rebelarse contra la más perfecta máquina totalitaria diseñada por el hombre hace veinte años, es seguro que mañana podremos volver a derrotar a cualquiera de sus enemigos, por poderosos que estos sean.

11 月 9 日
GEES 9-11-09
ra el símbolo perfecto del carácter inherentemente represivo y violento del comunismo y su caída representó a la perfección la voladura de un régimen, el desplome de un imperio, la extinción de una ideología, el fin de una época. Fue más efecto que causa, pero su arrollador mensaje fue como un huracán que aceleró el derrumbe de todo lo que se tambaleaba y ya había perdido la fe en su estabilidad.

Los europeos orientales tenían un muy justificado miedo a sus amos domésticos y externos pero la esperanza barrió la resignación y venciendo el miedo se echaron a la calle dispuestos a todo porque la hartura se había convertido en rabia. Sólo en la desgraciada Rumanía, hacía ya tiempo impermeabilizada frente a la influencia de los "desviacionismos" soviéticos, la desesperación del régimen se impuso sobre la conciencia de ilegitimidad e hizo pagar con sangre el heroísmo de los manifestantes. Por suerte, dentro del putrefacto régimen había elementos que, como el dicharachero El Gallo, comprendieron que lo que no pué ser no pué ser y además es imposible, así que decidieron ponerse a la cabeza del movimiento, liquidando a los Ceaucescus para sentarse en su silla. Pero sin ejecuciones, eso no fue privativo de los comunistas rumanos.

Cuando se habla del tsunami popular no olvidemos ni la poderosa quinta columna que actuó desde dentro ni que los vientos venían de más al Este. El paso del tiempo le había permitido a la realidad dejar moribunda a la utopía fundacional, pero el método era como un zombie que seguía caminando erguido. El método era la implacable represión y ésta impedía con suficiente eficacia que nadie o casi nadie osara decir que el rey estaba en puras pelotas. Mal que bien el tinglado se mantenía por muy acabado que pareciera. Nadie podía darle la patada y nadie lo esperaba. Incluso la apariencia no dejaba de engañar a muchísimos que preferían el statu quo a los enormes riesgos del cambio.

Pero surgió un consumado producto del sistema, tan endiabladamente hábil en su manejo que supo encaramarse a la cima y mantener a raya a sus mucho más conscientes correligionarios, y tan extremadamente devoto como para creer que el ruinoso edificio sólo necesitaba un remozamiento de fachada y algún ligero reforzamiento de estructuras, algo al alcance de sus prodigiosas capacidades. Después deslumbraría al mundo, tal y como había proyectado la visionaria mente de Lenin, el hereje por la izquierda del marxismo.

La excepcionalidad de la combinación que se dio en el dinámico Gorbachov sólo era comparable a la confianza en sí mismo. A medida que pretendía repararlo iba desmontando el sistema, pero siempre esperó que el siguiente paso le daría toda la razón. Anteriores intentos, ciertamente más limitados, de hacer reformas en el régimen habían alentado la revuelta en los satélites del glacis imperial y la apremiante necesidad de sofocarla había dado al traste con el tímido reformismo en la metrópoli. La lógica fue ahora la inversa. La voluntad de seguir adelante convirtió a los díscolos vasallos de la periferia en una rémora de la que Gorbachov estuvo dispuesto a desprenderse aunque el precio fuera un muro tan significativo.

La corrosión del sistema tuvo otro efecto milagroso. Junto a los duros que comprendían que tocar cualquier viga desplomaría el entero edificio, estaban los mil oportunistas de carnet cuya preocupación era que se iban a quedar sin sangre que chupar y que pensaban que sus sustanciales pero precarios privilegios sólo se podrían asegurar si se convertían en derechos de propiedad del más genuino capitalismo. Desde posiciones intermedias éstos fueron los auténticos colaboradores de Gorbachov, pero por motivos y con fines opuestos. Ellos sí veían a donde conducían las reformas y se montaron en el carro para llevarlo al puerto de su verdadero destino. Excepcional entrelazado de contradicciones que condujo a uno de los más extraordinarios fenómenos de destrucción creativa de toda la historia.
11 月 9 日
Aquella libertad
VALENTÍ PUIG Publicado Lunes , 09-11-09 a las 01 : 59
Al ornitólogo avezado incluso la majestad del vuelo del águila acaba por parecerle anodina. Ocurre con acontecimientos como el derrocamiento del Muro de Berlín porque desde entonces la Historia, al acelerarse, ha miniaturizado algo que fue gesta histórica. Hace veinte años, en noviembre de 1989, era derribado el muro de Berlín sin necesidad de disparar un solo tiro. Lo había construido el comunismo de la Alemania Oriental en agosto de 1961 para atajar el incremento exponencial de quienes «votaban con los pies» yéndose a la Alemania Occidental. Durante casi tres décadas, el muro de Berlín simbolizó de la forma más amarga lo que era la guerra fría y la naturaleza totalitaria de un mal capaz de dividir una ciudad y una nación en dos para perpetuarse impidiendo la libertad. Era un retrato trágico de la Europa que ya había pasado por dos guerras y vivía una confrontación larvada, de una parte amparada por los Estados Unidos y por otra sojuzgada por la Unión Soviética. Era el horizonte opaco del desierto de los tártaros, con la todopoderosa «Stasi», la «nomenklatura», el KGB, el Gulag, la psiquiatría para disidentes y la presencia final de Gorbachov.
En aquellos días, un «putsch» interno derroca a Erich Honecker, sempiterno presidente de la República Democrática Alemana, un dogmático del sovietismo y anfitrión de todos los terrorismos internacionales, para reemplazarlo por el más oportunista Egon Krenz. Ocho meses antes de la caída del Muro, Honecker recibe el doctorado «honoris causa» en la Complutense de Madrid. Dice entonces que el Muro de Berlín iba a durar cien años. La complacencia fue general entre la intelectualidad hispánica. De ese mismo año, con desenlace muy distinto, son las jornadas sangrientas de Tiananmen.
Cayó el muro de Berlín y Alemania se reunificó, once meses más tarde, con el liderato de Helmut Kohl. La Europa central se liberó de los vestigios del Pacto de Varsovia. A una semana, Checoslovaquia se desembarazaba de la tutela totalitaria. La disidencia había vencido. Juan Pablo II fue decisivo alentando la «Solidarnosc» polaca. La Unión Soviética implosionó. Los Estados Unidos, en lugar de ponerse a gozar del «dividendo de la paz», tuvieron que ejercer como superpotencia en un mundo unipolar. El mismo George Bush padre que tan bien comprendió la reunificación alemana —mejor que Thatcher o Mitterrand, por ejemplo— orquestó la coalición que iba a liberar Kuwait de la invasión iraquí. Luego los Estados Unidos también intervinieron en Bosnia y Kosovo, mientras Europa se mecía en la irresolución.
La globalización, Internet y la movilidad de capitales llegaron al poco tiempo de la caída del muro de Berlín. Para Europa, las cosas iban a cambiar hasta extremos del todo inimaginables al terminar la Segunda Guerra Mundial y comenzar la guerra fría. Europa renació. Los países del Pacto de Varsovia ingresaban gozosamente en la Alianza Atlántica y optaban a lo que hoy es la Europa de los Veintisiete. Veinte años después, en una Europa tan transformada, Alemania es la locomotora de la Unión Europea. A diferencia del liderato de Kohl en la plena ortodoxia del europeísmo, Angela Merkel combina la consolidación europea con la reafirmación de los intereses nacionales de Alemania. Es una fórmula ya muy analizada: Berlín no desea avanzar mucho más en la integración europea, más allá del Tratado de Lisboa, pero tampoco quiere retroceder. Es una fase de «status quo» que posiblemente se prolongue durante años. En el conjunto de Europa, prácticamente no hay fronteras.
Veinte años más tarde, la democracia liberal forcejea con lo que se denominan democracias «iliberales» —Venezuela o Rusia, por ejemplo— o las formas emergentes del capitalismo autoritario. El caso de China se postula como parámetro político para países que recelan del ejercicio democrático y de los modos de la sociedad abierta. En el caso de Venezuela o Rusia, la petro-política depende de la cotización del crudo, pero al hablar de China todo es más complejo porque su crecimiento es de tal envergadura que transforma el panorama geopolítico configurado después de la guerra fría. Queda comunismo en Cuba, Corea del Norte, Vietnam y en ese híbrido del capitalismo pos-totalitario que es China. Cayeron los bustos de Lenin y los templos del hombre nuevo. El sistema de libre mercado triunfó sobre el colectivismo y la economía centralizada. El comunismo pasó a ser un despojo moral y la ruina de una bancarrota. En 1963, Kennedy se plantó ante la Puerta de Brandenburgo y dijo: «Yo soy un berlinés». En 1987, Reagan —de tanto peso en el finiquito del imperio soviético— diría en Berlín: «Señor Gorbachov, derribe este Muro». Antes de las elecciones de 2008, un aspirante a la Casa Blanca llamado Obama regresaba al mismo lugar y ofrecía otro pacto de libertad a una Europa expectante.
Tras el fin de la guerra fría, el 11-S marca el inicio real del nuevo siglo, con las intervenciones en Irak y Afganistán. Quedaba atrás el siglo de los totalitarismos y de la megamuerte. Fundamentalmente, quedaba atrás el gran error, la patología perversa del determinismo. La lección del Muro fue que el dogma del determinismo histórico pasaba a hibernar como una antigualla radioactiva. Por eso ahora es postulable, sin lastres ideológicos, que quizás China —como dice el historiador Niall Ferguson— no pueda mantener su actual estructura de poder, mientras que Rusia carece del poder de la Unión Soviética, al tiempo que potencias emergentes como Brasil o la India se rigen por el sistema democrático. La incógnita es ahora la evolución del mundo musulmán. Todo está abierto. En un mundo siempre imperfecto, las brechas en el Muro de Berlín acabaron por convertirse en una nueva avenida
11 月 9 日
Norberto| 09/Nov/2009 | 08:25:35h
El muro derribado significa la dignificación de las decenas de millones de personas asesinadas, torturadas y encarceladas, muchas ellas hoy en día inclusive, por la izquierda hipócrita, mentirosa y cínica. El comunismo ha sido derrotado y como ideología excecrable debemos comprometernos a que nunca más reviva a pesar de la excelente maquinaria propagandística con la que todavía cuenta.

11 月 9 日
Lo de siempre| 09/Nov/2009 | 09:27:25h
Los que creíamos en la libertad tiramos a mazazos el muro. Los comunistas y socialistas (Los que jamás han defendido la libertad) decían que al otro lado estaba todo bien, y la realidad es que la RDA estaba en la más absoluta de las miserias y opresión. Lo de siempre
11 月 9 日
El muro demuestra muy bien lo que era el régimen comunista. No comprendo como en España sigue existiendo este partido. Yo he vivido en la guerra el régimen comunista0socialista, cuando mataban e incendiaban a las personas decentes y honradas, solamente por llevar corbata o ir a misa. Y aquí de la pobreza y mal vivir de los alemanes del Este., por culpa de los comunistas.
11 月 9 日

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